Oh! Pueblo de bohemios, a veces pienso: ¡Que te den por culo! Y ahora por fin empiezo a odiarte, mientras eternamente te amo. El agua cristalina y de buen sabor de tus grifos llena mis estomagos (mis pulmones ¿quien ha dicho que el agua no se fuma?).
Todavia no he escuchado a nadie follando en los prados del mirador (si, allí donde mea la gente). Humor intrínseco que nadie entiende, solo mi coño me escucha dentro de mi letargo eterno de soledad, pues nadie lo entiende mejor. El masajeador puntiagudo solo provoca orgasmos cerebrales, aunque placenteros...
Mientras la Mala canta: Comeme el sobaco.
Vivir en Altea es vivir en una burbuja de bohemia, una burbuja que se hace de gustar, pero cuida con que explote, no es oro todo lo que reluce.
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